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micro

/ De ida, la ciudad estaba fría a la vuelta, se volvió pueblo. "¡Hasta luego, Don!"

La Sombra del Viento

EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atra­pada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derra­maba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido. —Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie —advirtió mi padre—. Ni a tu amigo Tomás. A nadie. —¿Ni siquiera a mamá? —inquirí yo, a media voz. Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida. —Claro que sí —respondió cabizbajo—. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo. Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre ...

H. Channel

Lo que no entendiste era simple como este mate lavado desde las ocho de la mañana. Yo estaba a la misma distancia esperando que dentro de esas horas puedas acercarte. Pero nada te desvió de la mentira amarga como esta misma yerba. Empiezo a maldecir como últimamente acostumbro. Que inocencia perdiste en pocas palabras tan vulgar, como yo ahora, al escribir gritando cada una de estas palabras Quedate lejos. Voy a guardar tu voz entre los libros de historia.

Tiro al Blanco

miedo que al descolgar la guitarra se hace vértigo y extrema felicidad.

detenida

Un mate amargo a las 8:33 de la mañana; un lunes gris, como en la canción; el río inquieto en mi horizonte; una mujer algo distante detenida en el zumbido del ventilador. Apuntes leídos con devoción durante horas. Podríamos decirlo real, tangible y sensible. Pero en minutos  los caminos hacen que esto mismo sea la imagen detenida del momento más trivial del día.

culpable(s)

Te pasa al lado,  te haces mil preguntas;  ellos miran a un lado  mientras las lágrimas  siguen corriendo.  Solo pedís que te escuchen,  que respondan lo que es cierto.  Los demás niegan todo. Ellos creen, es más fácil,  es mejor hacerlo  que preguntarse  qué miserable ser se comió  el alma  para no responder  por quien se enfrió en el suelo. Toco mi brazo,   las palmas perciben el calor,  calor que ya no existe en él,  se consumió,  se hizo recuerdo  cuando aún debía ser realidad.  Vení,  abrazanos.  Ya no nos alcanzan las fuerzas  para hacernos grandes  entre nosotros.